La ética de Badiou: Entre matemáticas y psicoanálisis*, Carlos Gómez Camarena

En el momento en que la matemática gira sobre su propio pensamiento, logra poner al desnudo los conflictos de existencia […] justo en el momento en que decides lo que existe estás anudando tu pensamiento al ser. Pero entonces te encuentras, de manera inconsciente, sujeto al imperativo de una orientación.

Alain Badiou[i]

Después del olvido al que fue confinado en los años 80’s y 90’s –parte por su compromiso con el maoísmo, parte por incomprensión de su pensamiento matemático–, Badiou hoy emerge como uno de los filósofos de mayor importancia y popularidad a nivel mundial. Aunque hoy se debate cuál es el libro más importante de su obra,[ii] su ascenso al star system de la filosofía –a lado de Giorgio Agamben, Judith Butler y Slavoj Žižek– se realiza a través de su gran obra: El ser y el acontecimiento.[iii] La estructura su texto recuerda al more geometrico de Spinoza o de Descartes: un despliegue de demostraciones matemáticas seguido de argumentaciones filosóficas, confrontación y discusiones con filósofos clásicos (Hegel, Pascal, Descartes, Aristóteles, Rousseau o Leibniz).[iv]

 

Nos parece que la recepción actual  de la obra de Badiou –en las Universidades, en la Teoría Política, en el mundo académico, en la comunidad psicoanalítica, en las vanguardias artísticas e incluso en la “cultura pop”–[v] se ha centrado en lo escrito por él en el período de la década posterior a la publicación de su obra más importante: El ser y el acontecimiento. Lo esencial de su trabajo fue reducido a la cuestión del acontecimiento y lo que él llama las cuatro “condiciones de la filosofía”: amor, política, ciencia y arte.

 

En efecto, la aridez de sus demostraciones matemáticas y la complejidad de su argumentación filosófica, son rara vez atravesadas por sus lectores, prefiriendo el argumento más simplificado y la exposición más amigable de libros como La ética,[vi] Condiciones[vii] y Manifiesto por la filosofía,[viii] todos ellos secuelas de El ser y el acontecimiento. Los más valientes se atreven a abrir Compendio de metapolítica,[ix] Pequeño manual de inestética[x]e incluso el Breve tratado de ontología transitoria, todos ellos dedicados a profundizar en una de las cuatro condiciones –política, arte y ciencia, respectivamente– y traducidos –en inglés y español– de manera relativamente tardía –gran parte en la primera década del segundo milenio.

 

Alain Badiou, como ocurrió en su momento con Jacques Derrida, no tuvo una cálida recepción en Francia sino hasta que publicó la secuela de su chef-d’œuvre,titulada Lógicas de los mundos.[xi] Como fue el caso de Foucault, Baudrillard, Deleuze, Lyotard y Derrida, la popularidad mundial de nuestro pensador no se debió sino a la recepción anglosajona de su filosofía.[xii] En América Latina, su reciente popularidad también pasa por el mundo anglosajón, a pesar de que él, Alain Badiou, estuvo desde mucho antes en el sur de nuestro continente que en Estados Unidos, Australia o el Reino Unido.[xiii] Lo anterior, explica la razón por la cual la apropiación de la obra de Badiou ha dependido en gran parte de las traducciones –especialmente del francés al inglés– y de su recepción en el mundo anglosajón, de donde nos llega también, por ejemplo, el interés por Slavoj Žižek, Antonio Negri, Giorgio Agamben, Roberto Esposito, Barbara Cassin y, más recientemente, el interés renovado por la filosofía deleuziana.

Nuestra hipótesis es que, a causa de esta recepción anglosajona, el interés en su filosofía se ha focalizado en la categoría de acontecimiento y en las cuatro condiciones. Esta apropiación de su obra se acentúa de manera notable en el campo de la teoría política categoría que, por cierto, rechaza el nacido en Rabat[xiv] debido a dos motivos: 1) El mismo Badiou, antes de su magnum opus, “suturó” su pensamiento a la condición de la política por ejemplo, en ¿Se puede pensar la política?,[xv] Teoría del sujeto y El concepto de modelo; y 2) El aumento de protestas políticas a nivel mundial: Occupy Wall Street, la primavera árabe, revueltas en Turquía y Brasil.

El objetivo de este Capítulo es mostrar la importancia de las matemáticas y  el psicoanálisis en la formulación de la ética del filósofo francés. Lo anterior, como una forma de repetir el gesto badiouano de no pensar la filosofía como una especie de departamentalización en donde podríamos encontrar la filosofía política, la estética, la ontología, la metafísica o la epistemología separadas. Esto es lo que nos parece que podría ocurrir si únicamente tomamos de manera separada las ya mencionadas cuatro condiciones de la filosofía, esto es, pensar que la ética de Badiou es una especie de transversalidad que recorre internamente a cada uno de los cuatro campos donde ocurren los acontecimientos. Para decirlo más claramente: una cosa son las cuatro condiciones de la filosofía y otra los cuatro lugares donde el acontecimiento emerge. No explicamos. Mientras que, digamos, el acontecimiento Galileo modifica las coordenadas de la manera de pensar la ciencia y abre nuevas posibilidades y con-secuencias (campo de la ciencia), la filosofía de Kant realiza un “giro copernicano”, equivalente a pensar la filosofía a la manera de Newton. El paradigma galileano subsume el pensamiento de Copérnico y produce la secuencia “Newton” –una secuela abierta por al acontecimiento Galileo–, posibilitando una nueva forma de pensar la filosofía.

La contemporaneidad de la filosofía depende de los acontecimientos que no ocurren en su propio campo –de hecho, ningún acontecimiento puede producirse en el campo de la filosofía, algo en lo que Badiou insiste. La filosofía articula diversos acontecimientos producidos en distintos campos, y con ello renueva su manera de filosofar. Las grandes filosofías, asegura nuestro autor,[xvi] articulan siempre los acontecimientos más recientes de esos cuatro campos; por este motivo, la filosofía está condicionada por ellos.

La filosofía no es un metalenguaje que piensa lo que ocurre en el campo amoroso, político, científico o artístico y que, desde una supuesta neutralidad, juzga si algo es estético, ético o tiene efectos de conocimiento. La filosofía misma es transformada por la emergencia del inconsciente, la plusvalía marxista, la teoría de los grandes cardinales o la vanguardia cubista. Habiendo aclarado este punto, es posible advertir a nuestros lectores: es arriesgado pensar que las cuatro condiciones de la filosofía son equivalentes a los cuatro campos donde emergen los acontecimientos; es peligroso imaginar que la filosofía juzga si de esos campos ha surgido algo ético o no. La filosofía siempre está condicionada por esos acontecimientos y, por ese motivo, su capacidad de juicio está siendo afectada por esos mismos acontecimientos. La propia forma de pensar la ética está condicionada por los acontecimientos y, por ello, no está en posición de juzgar éticamente un acontecimiento, sino de ser interpelada éticamente por esos acontecimientos. In nuce: la ética en el siglo XXI no puede ser la misma después de las matemáticas de Cantor, el psicoanálisis de Freud y la antifilosofía lacaniana. Ese psicoanálisis, a su vez, está cuestionado y reorganizado por la teoría de conjuntos –por ejemplo, en el Seminario inédito El acto analítico de Lacan–[xvii] y, a su vez, la ética interpelada por esos acontecimientos –psicoanálisis, teoría de conjuntos– tiene sus efectos estéticos y ontológicos. Por todo lo anterior, Badiou señala, por un lado, la impotencia de la filosofía –para producir verdades-acontecimientos– y, por otro lado, el rechazo a la “división del trabajo” –expertos en estética, eruditos de la ontología, sabios de la epistemología o ilustrados en filosofía política.[xviii]

Es así que nuestro cometido será desplegar, de manera más detallada, la relación compleja entre matemáticas y psicoanálisis que, desde nuestra perspectiva, le permite a Badiou articular su ética: una ética del acontecimiento y del sujeto.

I. La ruptura convoca al pensamiento: Matemáticas y ética

No parece una idea tan extravagante relacionar la ética y las matemáticas, toda vez que uno de los textos clásicos sobre la ética, Ethica more geometrico demonstrata de Spinoza,[xix] reposa sobre una estructura geométrica. Pero, ¿de qué manera piensa el filósofo galo las matemáticas? Responderemos, primero, de manera negativa: no se trata de unas matemáticas como modelo de la realidad –al estilo de un ingeniero–, ni de un lenguaje lógico –à la Wittgenstein o Russell–, o de un cálculo de variables y cantidades –es por considerar así a las matemáticas que Hiedegger termina rechazándolas por ser una técnica. Para Badiou, las matemáticas tienen consecuencias filosóficas y siempre ha sido así –las grandes revoluciones filosóficas en Descartes, Platón, Hegel, Kant o Deleueze siempre están aparejadas a una invención en el campo de lo matemático. Respondamos, ahora, sí: las matemáticas son un pensamiento, lo que nos reenvía a la cuestión del pensar y a la discusión con Heidegger sobre si la ciencia piensa o no. El trazo diferenciador de las matemáticas de Badiou es justo lo que nos llevará a la cuestión del psicoanálisis y la ética.

Para el autor de Condiciones, y a contrapelo de la equivalencia heideggeriana entre ciencia y técnica, las matemáticas son el paradigma de las ciencias, y no deben confundirse con la técnica o el mero cálculo; la ciencia, a través del poder de las matemáticas, piensa efectivamente. ¿Qué es pensar entonces? Pensar es apostar cuando ya no hay garantías, pensar es caminar en el desierto árido dónde nada ha sido escrito aún por nadie.

La ciencia es empujada a pensar justo en los momentos donde emerge una crisis, donde debe inventar al confrontarse con un insabido y cuando debe apostar sin garantía alguna a un nuevo fundamento de lo pensable científicamente. Justo en el lugar donde el edificio científico falla, donde acontece un corte en el sentido, ahí aparece la ocasión para una decisión de pensamiento. Si esto es así, se hace evidente la conclusión: la ciencia no es cálculo, modelo o lenguaje de la realidad, sino una apuesta en el corto circuito de su conceptualización, en lugar donde lo sabido hasta el momento no puede responder.[xx] Este es precisamente el sentido del epígrafe que abre este Capítulo.

Se deduce de lo anterior que las matemáticas que le interesan a Badiou son una formalización que localiza impasses, callejones sin salida. No se trata únicamente de ubicar la falla estructural en un edificio matemático, sino de inventar a partir de ese atolladero algo inédito que transforme, en retrospectiva, todo el edificio matemático (pasado) y produzca nuevas secuencias matemáticas: soluciones a problemas irresolubles anteriores, nuevas investigaciones, renovadas aplicaciones científicas, efectos en la manera de pensar y concebir las ciencias.

Vayamos a algunos ejemplos: el desfallecimiento del álgebra consiste en la existencia de raíces cuadradas de números negativos –entonces, se inventa el “anfibio” número imaginario–; el impasse de la trigonometría es la raíz cuadrada de 2 –por lo tanto, se concibe el número irracional–; o el callejón sin salida de la teoría de conjuntos es la interrogación sobre la existencia de un transfinito entre los transfinitos aleph 0 y aleph 1 –lo que lleva a Paul Cohen a crear una técnica llamada “forcing”. Todas estas innovaciones, gestadas a partir de la localización de un impasse –y la apuesta por un axioma no probado de antemano–, crearon sus efectos en otras ciencias y campos del saber: desde la filosofía hasta el arte, pasando por la ingeniería, la biología, la física, la política o la cibernética.

En los momentos en que la ciencia entra en crisis de sus fundamentos, está convocada a pensarse a sí misma en acto. Estas crisis no son exclusivas de las matemáticas, ya que las demás ciencias, argumenta Badiou,[xxi] replantean sus conflictos de manera formalizada, cuya matriz siguen siendo las matemáticas.

Las matemáticas son la forma más refinada de ciencia –lo mismo dirá nuestro pensador del poema en relación al arte–, pero, ¿por qué es esto así? Para el autor de Teoría de la contradicción,[xxii] las ciencias acuden a un movimiento de verdadero cambio que va más allá de sus efectos locales cuando pueden ser formalizadas casi matemáticamente: la lingüística (permutaciones y combinaciones), la biología (estadística), la astronomía de Copérnico (geometría analítica), la economía (cálculo diferencial), la antropología (lingüística estructural), para dar sólo algunos ejemplos.

Esta forma de conceptualizar a las matemáticas es tributario de los epistemólogos y filósofos de la ciencia (Bachelard, Koyré, Canguilhem, Cavaillès o, incluso, Foucault y Althusser), así como de la forma de pensar la relación de las matemáticas con la letra formulada por el psicoanalista Jacques Lacan, quien fuera alumno también de Koyré.[xxiii] El antiempirismo de la epistemología francesa, así como el poder que concentra la letra lacaniana, son, en conjunto, la plataforma giratoria del pensar matemático de Lacan.

Para el epistemólgo ruso, Alexandre Koyré –maestro también de Thomas S. Khun–, las revoluciones son producto de una “gramática” diferente para pensar la realidad, más que un efecto de la acumulación de una cantidad de datos empíricos o una corrección de la teoría por los hechos. Así lo sintetiza Koyré:

Y fue por la rebelión contra este derrotismo tradicional por lo que la ciencia moderna desde Copérnico […] llevó a cabo su revolución contra el empirismo estéril de los aristotélicos, revolución que se basó en la convicción profunda de que las matemáticas son más que un medio formal para ordenar los hechos y son la clave de la comprensión de la naturaleza […] Las grandes revoluciones científicas del siglo XX –tanto como las de los siglos XVII o XIX–, aunque fundadas naturalmente en hechos nuevos –en la imposibilidad de verificarlos–, son fundamentalmente revoluciones teóricas cuyo resultado no consistió en relacionar mejor entre ellas “los datos de la experiencia”, sino en adquirir una nueva concepción de la realidad profunda subyacente en esos “datos”.[xxiv]

Las revoluciones científicas tampoco serían efecto de los desarrollos tecnológicos. Por ejemplo, con el microscopio o el telescopio, fue la óptica –una nueva clave formalizada para pensar la realidad– la que hizo posible el nacimiento de esos artefactos técnicos. Esta nueva “gramática” –lo que Khun, en una lectura más sociológica, llama “paradigma”– implica que hay un predominio de la formalización sobre la experiencia. Jacques Lacan, dará un paso más en esta dirección, suplementándola con la letra.

A la formalización de la ciencia a través de la letra, Lacan la llamará matema, cuya principal función –pero no exclusiva– es la transmisión del saber psicoanalítico. El matema es un conjunto de trazos (letras) que comandan las leyes intangibles que manipulan una red incorpórea de diferencias, trazos que, articulados, transmiten un saber de manera más fiel.[xxv]

Que las matemáticas localicen un impasse, es una idea que Badiou encuentra en su maestro Lacan:

Lo real no puede inscribirse sino como un impasse de la formalización. Por ello he creído poder trazar su modelo a partir de la formalización matemática, en tanto es la elaboración más avanzada de la significancia que nos haya sido dado producir.[xxvi]

Pero, ¿qué es lo real? Más aún, ¿cómo es que lo real puede inscribirse? Se trata de una cuestión sumamente delicada en el edificio teórico del psicoanálisis lacaniano. Es sabido que el psiquiatra parisino creó tres registros para pensar la clínica y la teoría psicoanalítica: simbólico, imaginario y real.[xxvii] Sin entrar en tanto detalle, lo simbólico se refiere al orden de la palabra, mientras que lo imaginario representa la dimensión de la imagen. Un primer abordaje para delimitar el orden de lo real, es decir que es aquello que no puede ni simbolizarse ni imaginarizarse, esto es: lo real es el agujero inmanente en toda representación.

Lo real no es la realidad –a la cual únicamente podemos acceder a través de representaciones hechas de imágenes y palabras, es decir, de un tejido entre lo simbólico y lo imaginario–, pero tampoco es el das Ding an sich kantiano, aquella realidad a la cual nunca podremos acceder y que existe en sí, independientemente de la subjetividad. Lo difícil de definir es lo real sin incurrir en una formulación negativa. Ahí radica la belleza de la definición de lo real en términos de inscripción del impasse: lo real no sabría inscribirse sino a partir de un impasse en la formalización. Definir así lo real, impide hacer de la práctica psicoanalítica una iniciación o una cuestión mística –amparándose en conceptos que son del orden de lo real, inefable, indefinible, que vence cualquier representación. Cierto, lo real se sustrae a la representación y puede ser inenarrable, pero siempre puede inscribirse, y eso evita la recaída mística: lo real puede localizarse e inscribirse.

Lo real no puede ponerse en palabras ni representarse en imágenes, pero puede localizarse e inscribirse a través de la letra –el lector podrá ya tener una idea de la importancia de esta formulación para el concepto de acontecimiento en Badiou. Lo real no es un más allá de la representación –imágenes y palabras–, sino la ruptura de la representación en sí misma; lo real no es un más allá del límite, sino el límite interior de cualquier representación –o formalización matematizante. Es posible escribir-inscribir la imposibilidad de la representación.[xxviii] Y es por esta misma razón que es muy importante distinguir la palabra de la escritura, especialmente en lo que concierte a las matemáticas. Las matemáticas se escriben. La escritura funciona como una especie de exterioridad, una prótesis que permite llevar al pensamiento más lejos, un pensamiento despsicologizado. Podemos hacer una serie de cálculos y de operaciones matemáticas en la mente, pero si uno quiere llegar más lejos es necesario echar mano de una exterioridad: los dedos de la mano, un ábaco, la escritura en una libreta o incluso, como sucedió con los incas, el uso de los nudos.

¿Cuál es la relevancia para la ética de esta forma de pensar las matemáticas elucidadas desde el psicoanálisis?, ¿qué idea psicoanalítica productiva para la ética puede generarse desde esta forma de pensar las matemáticas como impasse de la formalización?

II. ¿Hay una ontología del sujeto?: Psicoanálisis y ética

El concepto psicoanalítico más cercano a este callejón sin salida inmanente a la formalización matematizante, y del cual se desprenden consecuencias de gran envergadura para la ética es, justo, el gran Otro tachado.[xxix]

El Otro tachado es un concepto que se desprende de la teorización del gran Otro, el cual, por cuestiones de espacio, no es posible desarrollar aquí.[xxx] Diremos sólo que la introducción del Otro en el psicoanálisis implica que lo inconsciente no es un lugar interior y, a la vez, implica que no hay individuo en psicoanálisis, sino que toda “persona” está constituida por y alienada al Otro del lenguaje. De ahí la famosa frase lacaniana: “lo inconsciente está estructurado como un lenguaje”.

Pues bien, el Otro tachado significa que, si los humanos están constituidos en lo más íntimo por el Otro del lenguaje, este Otro tiene por lo menos una falla. Si el Otro del lenguaje es también el conjunto de las reglas y normas sociales que nos constituyen, estas reglas siempre incluyen un punto, cuando menos, donde estas reglas fallan: por contradicción, inconsistencia, confrontación con otra regla o porque quien la encarna –Institución, padres o autoridad– no pude estar a la altura para sostener esa norma. El problema del enunciado y la enunciación es sólo una formulación de los problemas de las paradojas que apuntan a la tachadura del Otro.

Demos otra vuelta. Si desde el psicoanálisis, más que hablar, los sujetos son hablados por el lenguaje –tesis que también sostiene Heidegger–; si en lugar de “dominar” una lengua para hablarla bien, somos dominados por las leyes gramaticales para decir algo inteligible, entonces los sujetos somos un efecto de una estructura: el lenguaje. Esto parecería una especie de determinismo. Y, no obstante, no lo es. Para Lacan, todo lenguaje, toda formalización matemática, todo conjunto de normas, todo saber o inclusive cualquier formación cultural, tienen un punto de falla. No habría palabras o imágenes para decirle al sujeto, de una vez y por todas, lo que es, lo cual, por otra parte, esperaría todo sujeto para evitar la angustia de confrontarse con la falta (castración) del Otro y no saber cómo enfrentar ciertas circunstancias de la vida sin fundamento en el saber, puesto que es límite interno del Otro. Su tachadura. Podría decirse que la neurosis es el intento de los sujetos para cubrir esta falla, inconsistencia o falta del Otro (su castración para expresarlo en el lenguaje dramático de Freud).[xxxi] Esto podría explicar cómo la gran mayoría de los humanos luchan por defender su esclavitud como si lucharan por su liberación, tema que apasionó a pensadores como Spinoza, Wilhelm Reich o Deleuze. Aquí podemos ver la relación entre ética y política en la filosofía de Badiou.

Para el estructuralismo francés de posguerra (Alhtusser, Foucault, Lévi-Strauss), la subjetividad no es sino únicamente un efecto de una estructura (lingüísitica), y en eso consistirá su antihumanismo,[xxxii] en la desaparición del sujeto trascendental o un yo que, mediante la auto-reflexión, podría ser transparente a sí mismo y, de esta manera, modificar conscientemente, mediante su voluntad, la estructura o situación existencial que le determina. Precisamente éste es el punto de inflexión del psicoanálisis lacaniano respecto al estructuralismo. Siendo estructuralista –el sujeto es hablado por el lenguaje, es efecto de una estructura–, Lacan reintroduce un renovado concepto de sujeto a la estructura. El sujeto emerge justo en el punto donde el Otro que lo produce (la estructura) falla: el Otro tachado es la condición para que emerja el sujeto. Ese sujeto ya no es únicamente el efecto de una estructura, ni el agente auto-consciente que trasciende sus circunstancias, sino una falla en el Otro del lenguaje: falla en el saber, estructura que lo determina, formación cultural, formalización matematizante.[xxxiii] El sujeto es un efecto que excede a sus causas.

Las consecuencias que se desprenden de esta teorización –el sujeto aparece en el lugar donde el Otro falla o está tachado– son muy importantes para la ética badiouana.[xxxiv] La ética del acontecimiento, si es que esa formulación es posible, se trataría de una ética sin garantías o fundamento en el saber –el Otro fallaría por lo menos en un sitio–, de una ética sin sujeto auto-consciente, pero tampoco mero efecto de algo que lo determina, lo que deja espacio para el agenciamiento y por lo tanto para la responsabilidad en su vertiente material. La materialidad de esta responsabilidad no es jurídica por más que se quiera hacer una genealogía al estilo agambeniano o de Roberto Esposito, se trata de una materialidad de significante y el agujero del Otro[xxxv]. Esto se venía anunciando en Lacan desde su Seminario sobre la ética,[xxxvi] pero que desemboca cuatro años después en la famosa tesis sobre la muerte de Dios: “La verdadera fórmula del ateísmo no es ‘Dios ha muerto’ […] La verdadera fórmula del ateísmo es ‘Dios es inconsciente’”.[xxxvii]

Más radical que negar o asesinar al Otro del lenguaje (Dios ha muerto) que nos determina es localizar la falla en la estructura (Dios es inconsciente) para atravesarla. Del hecho de que el Otro que nos constituye esté tachado, también se desprende la tesis badiouana que sostiene todo el texto de La ética... Contra el consenso ético que se funda en el reconocimiento del mal y en una antropología que mira al humano como un animal victimizado del cual el deber de su prójimo es ayudarlo a sobrevivir –tal es el horizonte de su humanidad–, Badiou apuesta por una primacía del acontecimiento: el bien o el mal son post-acontecimentales, son posteriores a la falla en la estructura ontológica. Al sustituir el Otro tachado (falla en el lenguaje) por una ontología inconsistente (falla en la estructura ontológica), Badiou funda todo su edificio filosófico al poner en ese lugar la emergencia del acontecimiento. Se trataría de una ontología tachada en lugar de un lenguaje que falla (Otro tachado).[xxxviii] Este movimiento permite articular el sitio donde emergen el acontecimiento –un límite inmanente en la estructura ontológica– y la posibilidad de un sujeto. Esta es la tesis central de la ética de Badiou y que se despliega en su libro La ética.

Dos puntualizaciones sobre esta última idea: prima, el psicoanálisis lacaniano posibilita desarrollar tanto el lugar donde emerge el acontecimiento como la introducción del sujeto en la filosofía de Badiou; secunda, esta plataforma posibilita –en su libro La ética…– mover las coordenadas ideológicas de la ética de finales del siglo XX: de una antropología de un animal victimizado por un mal garantizado de antemano y que precede al bien, a una antropología que introduce a un sujeto inmortal, así como un mal –o un bien– posterior a la falla ontológica. Es por ese motivo que, ni el sujeto, ni el bien, ni el mal concomitantes, están garantizados de antemano en la ética de nuestro autor. He aquí, en síntesis, el argumento:

Tesis 1: El Hombre se identifica por su pensamiento afirmativo, por las verdades singulares de las que es capaz, por lo Inmortal que hace de él el más resistente y el más paradojal de los animales.

Tesis 2: Es a partir de la capacidad positiva para el Bien, o sea, para el tratamiento amplio de los posibles y para el rechazo del principio conservador, aunque fuese la conservación del ser, que se determina el Mal, y no inversamente.

Tesis 3: Toda humanidad cobra raíces en la identificación por el pensamiento de situaciones singulares. No hay ética en general. Hay sólo –eventualmente– ética de procesos en los que se tratan los posibles de una situación. [xxxix]

Recapitulemos: El impasse de la formalización matematizante es homóloga al Otro tachado de Lacan y, en el lugar de la falla o el atolladero de la ontología,[xl] aparece el centelleo del acontecimiento, y con él, la posibilidad de un sujeto, sujeto que desborda sus causas.

Avancemos un poco más: Badiou y Lacan comparten la idea de que el sujeto es efecto de una estructura –pero no se reduce a ella–, que el sujeto se constituye a través de una temporalidad retroactiva (après-coup, Nachträglichkeit), o que el sujeto no coincide con el yo. Así lo formula Lacan:

Me identifico en el lenguaje, pero solo perdiéndome en él como un objeto. Lo que se realiza en mi historia no es el pretérito-definido de lo que fue, puesto que ya no es, ni siquiera el perfecto de lo que ha sido en lo que yo soy, sino el futuro anterior de lo que yo habré sido para lo que estoy llegando a ser. [xli]

Es notable cómo funciona la temporalidad del lenguaje que anticipa y luego produce un efecto de retroacción y que en el centro hay un vacío entre el pretérito definido y el tiempo perfecto. El vacío del sujeto coordinado con la falta del Otro tiene como temporalidad el futuro anterior.

No obstante, el sujeto de Badiou no es el de Lacan. Para este último, el sujeto es el descentramiento del yo por el deseo, la escisión entre enunciado y enunciación, etc. Para el primero, el sujeto no coincide con una persona: al final del proceso, se produce una pareja (sujeto del amor), una obra (sujeto del arte), un corpus teórico (sujeto de la ciencia) o una organización masiva (sujeto de la política).

La novedad de incluir al sujeto en la estructura, está pensada en Badiou como lo que se posibilita en las fallas de la ontología, mientras que en Lacan se trata de aquello que aparece en el impasse del lenguaje. De la declaración “un significante es lo que representa al sujeto para otro significante”[xlii] a la afirmación “[un sujeto] es lo que acontecimiento representa para otro acontecimiento[xliii] hay sólo un pequeño paso. Ese paso es la diferencia entre el sujeto del lenguaje –que emerge en sus fallas– y el sujeto del acontecimiento –que es posible en las fallas o inconsistencias de la ontología.

Esto nos lleva a la relación entre sujeto y ontología, tema que Badiou aborda, precisamente, a través del psicoanálisis, lo que nos lleva al corazón de su ética. En el segundo apartado de la Introducción de El ser y el acontecimiento, nuestro filósofo señala la relación entre psicoanálisis y matemáticas, recordándonos una intervención de Lacan después de que uno de sus alumnos, Jacques-Alain Miller, le interrogara sobre su ontología. Así lo narra el psicoanalista parisino:

La semana pasada, mi introducción del inconsciente mediante la estructura de una hiancia brindó a uno de mis oyentes, Jacques-Alain Miller, la oportunidad de hacer un excelente trazado de lo que, en mis anteriores escritos, reconoció como la función estructurante de una falta […] Después de realizar esta sinopsis […] me interrogó sobre mi ontología.[xliv]

Para después responder a la pregunta “¿cuál es su ontología?”:

Podríamos decir de la hiancia del inconsciente [aquí el lector puede leer perfectamente al sujeto que aparece en la falla del Otro] que es pre-ontológica […] En efecto, lo primero que se le hizo patente a Freud, a los descubridores, a los que dieron los primeros pasos, lo que se hace patente aún a cualquiera que en el análisis acomode su mirada un rato a lo que pertenece propiamente al orden del inconsciente es que no es ni ser ni no-ser, es no-realizado.[xlv]

Y finaliza puntualizando su respuesta: “El estatuto del inconsciente, que como les indico es tan frágil en el plano óntico, es ético”.[xlvi] ¿Qué significa que el inconsciente sea ético y no óntico?, ¿qué consecuencias saca Badiou de esta respuesta? Digámoslo claramente: que el estatuto del inconsciente sea ético y no óntico implica, para Badiou, en un uso nada ortodoxo de Lacan, que la ontología está agujereada, y es justo ahí donde aparece un sujeto. En la ontología de Badiou, el sujeto tiene un estatuto ético.

La fragilidad de lo óntico[xlvii] remite al descentramiento de lo inconsciente respecto al eje ser/no-ser, y que se desplaza a lo preontológico o, como lo expresa el mismo Lacan, al orden de lo “no-realizado”. Por un lado, la fragilidad le permitirá a Badiou construir una ontología “sustractiva”, basada, ya no en la presencia o ausencia del ser, sino en la sustracción de elementos múltiples de vacíos;[xlviii] por el otro, lo preontológico o no-realizado, justifica el inicio de un proceso de indagaciones que constituyen un nuevo mundo –puesto que el ser no se ha realizado– a través de lo que Badiou llama fidelidad al acontecimiento, tema que trabaja en La ética… y, de manera más detallada, en San Pablo: La fundación del universalismo.[xlix]

En síntesis: Así como las fallas del edificio matemático convocan a un acto de pensamiento –para inventar inéditos–, de la misma manera, el mundo, en su sentido más ontológico, está construido a partir de las fallas (ónticas) que aparecen en su estructura (acontecimiento), que interpelan a los individuos (animales mortales) a tomar decisiones –sin fundamento alguno en el saber o en el mundo– que reconfiguran al mundo[l] como un todo. Es posible concluir que el sujeto tiene un estatuto ético, ya que el mundo está construido –y reconfigurado– a través de decisiones sin arbitraje. Todo el Prefacio a Lógicas de los mundos insiste sobre este punto.[li]

Que el sujeto sea ético, significa que es un sujeto de la incompletud, un sujeto que es fiel, o no, al acontecimiento, que es efecto de un salto de fe en medio del impasse de la estructura ontológica, y cuyas consecuencias se verán –y se medirán– en retrospectiva una vez que las propias coordenadas con las cuales se miden sus consecuencias se hayan transformado. Es por ello que no puede saberse de antemano si algo ha sido un acontecimiento o no, ya que, por ejemplo, la intervención de Newton transforma lo que se entiende por “física”, así como la introducción de la música dodecafónica por Schönberg cambia la noción misma de lo que es música.

El sujeto es el efecto de una apuesta, es lo que surge en retrospectiva si su tirada de dados modifica las coordenadas de lo simbólico; el sujeto es el resultado de la fidelidad al acontecimiento, resultado que es evaluado desde los nuevos parámetros que son fruto de esa misma intervención –lo que Žižek llama, en su jerga hegeliana, “postulación de la presuposiciones”.[lii] Un sujeto del acontecimiento –como falla en la estructura ontológica– convocado a un acto ético es “lo que habré sido para lo que estoy llegando a ser”, fórmula retoma Jorge Alemán.[liii] El sujeto badiouano es lo que habría sido –del amor, de la ciencia, del arte, de la política– si se llega a realizar la apuesta o las indagaciones en la falla ontológica.

El trayecto entre el “habrá sido” y el “para lo que se está llegando a ser” es ético por no poseer fundamento, garantía o parámetro alguno antes de la intervención: el sujeto decide en su soledad, únicamente guiado por el trazo fugaz del acontecimiento. Lo anterior nos permite leer el siguiente fragmento de La ética…:

Lacan tocaba este punto cuando proponía como máxima ética: “No ceder sobre su deseo”. Puesto que el deseo es constitutivo del sujeto del inconsciente, es lo no sabido por excelencia, de manera que “No ceder sobre su deseo” quiere decir: “No ceder sobre lo que de sí mismo no se sabe”. Nosotros añadimos que la prueba de lo no sabido es el efecto lejano del suplemento de un acontecimiento, el agujereamiento de un “alguien” a causa de una fidelidad a este suplemento desvanecido, y que no ceder quiere decir, finalmente: no ceder sobre su propia captura por un proceso de verdad.[liv]

No es intrascendente que este pasaje haga referencia a una de las formulaciones lacanianas más importantes sobre la ética: “de la única cosa de la que se puede ser culpable, al menos en la perspectiva analítica, es de haber cedido en su deseo”.[lv] Badiou concluye:

La ética de una verdad, por lo tanto, se pronuncia fácilmente: “haz todo lo que puedas para que persevere lo que ha excedido tu perseverancia. Persevera en la interrupción. Atrapa en tu ser lo que te ha atrapado y roto.[lvi]

Comentarios finales

A través de un recorrido por pasajes y textos de la obra de Badiou, hemos articulado psicoanálisis y matemáticas para arrojar luz sobre la propuesta ética del filósofo francés. Contra la lectura reduccionista que toma en cuenta el acontecimiento y las cuatro condiciones como lo más importante y esencial de la filosofía badiouana, hemos formulado un camino alternativo: a contracorriente de la recepción anglosajona, apostamos por una lectura más “continental”, concentrándonos en la composibilidad[lvii] entre los saberes matemático y psicoanalítico que constituyen el tejido de su ética. Si decimos continental es porque, como lo hemos venido señalando, tanto la reinvención del psicoanálisis por Lacan como la epistemología de las matemáticas –Koyré, por ejemplo–, son elementos únicos del contexto francés que no son fácilmente discernibles a primera vista en la ética de Badiou.

Nos hemos concentrado en subrayar el carácter de localización de los callejones sin salida e impasses de las matemáticas y la construcción de trayectos inéditos en esos mismos lugares (rupturas, vacíos, agujeros) como el protocolo básico que recorre el texto de La ética... Que, desde la apropiación francesa, las matemáticas sean más un pensamiento o una epistemología que un cálculo numérico o una exactitud referencial, es, nos parece, heurístico para la propuesta badiouana. Es crucial en este punto agregar que esta idea es formulada por el epistemólgo, matemático y profesor de Badiou en la École Normale Supérieure Jean Cavaillès, quien concibió a las matemáticas como una experimentación, como un saber que produce efectos sobre los demás saberes, especialmente en la filosofía.[lviii]

Consideramos que la ingeniosa lectura que hace nuestro filósofo de las conceptualizaciones lacanianas –el Otro tachado, la letra, real-imaginario-simbólico, “no ceder ante su deseo”, etc.–, tiene como correlato una propuesta ética original. Mientras que las matemáticas localizan el impasse y ofrecen el camino de la letra, el psicoanálisis señala al Otro tachado como el lugar donde se inscribe un más allá de esa falla en el Otro. Cernir la falla del Otro para escribir un inédito y producir un sujeto es el materialismo escritural que está en juego en el texto La ética…

De la misma manera, indicamos al pasar que la formulación del sujeto badiouano es feudatario del sujeto lacaniano y que, inclusive, los nuevos desarrollos de su filosofía –como, por ejemplo, el Prefacio de Lógicas de los mundos o la tercera parte de El ser y el acontecimiento, titulada La inmanencia de las verdades[lix] son indagaciones que fueron abiertas por vez primera por el psicoanálisis en su versión lacaniana. Parafraseando a John Searle: ¿No es acaso todo esto una manera de responder cómo hacer acontecimientos con vacíos, o, lo que es lo mismo, localizar vacíos e inscribir sujetos? Para ello, son convocadas las matemáticas y el psicoanálisis.


* Originalmente publicado en Pablo Lazo & Francisco Castro (coords.), Alain Badiou. Ética y política del acontecimiento, Universidad Iberoamericana-Paradiso, México, 2016. El presente supone algunas modificaciones realizadas por el autor.

[i] Alain Badiou, Breve tratado de ontología transitoria, Gedisa, Barcelona, 2002.

[ii] Para Bruno Bosteels, lo esencial del pensamiento de Badiou –y por lo tanto, su obra maestra– es Teoría del sujeto (Prometeo, Buenos Aires, 2008), mientras que para Luke Fraser, la clave del pensamiento se encontraría condensado de manera embrionaria en los artículos publicados en la revista Cahiers pour l’analyse (“Subversión infinitesimal” y “Marca y falta”)así como en lo que Badiou llama su primer libro filosófico: El concepto del modelo (Siglo XXI, Buenos Aires, 1972). Cfr. Luke Fraser, “The category of formalization: From epistemological break to truth procedure”, en Alain Badiou, The concept of the model: An introduction to the materialist epistemology of mathematics, re.press, Melbourne, 2007 (Trad. Luke Fraser y Tzuchien Tho) y Bruno Bosteels, Badiou o el recomienzo del materialismo dialéctico, Palinodia, Santiago de Chile, 2007.

[iii] Cfr. Alain Badiou, El ser y el acontecimiento, Manantial, Buenos Aires, 1999.

[iv] El propio Badiou describe como “clásica” su escritura, y él mismo se denomina un “filósofo clásico”. Cfr. Alain Badiou, El balcón del presente. Conferencias y entrevistas, Siglo XXI, México, 2009.

[v] La aparición de Elogio del amor (Paidós, Buenos Aires, 2012),así como de Eloge du théâtre (Flammarion, París, 2013), han tenido en Francia y en el mundo entero una buena acogida en las librerías. Hoy, Badiou hace apariciones en la radio y en la televisión francesa por lo menos una vez al mes.

[vi] Cfr. Alain Badiou, La ética: Ensayo sobre el entendimiento del mal, Herder, México, 2004.

[vii] Cfr. Alain Badiou, Condiciones, Siglo XXI, México, 2002.

[viii] Cfr. Alain Badiou, Manifiesto por la filosofía, Cátedra, Madrid, 1990.

[ix] Cfr. Alain Badiou, Compendio de metapolítica, Prometeo Libros, Buenos Aires, 1999.

[x] Cfr. Alain Badiou, Pequeño manual de inestética, Prometeo Libros, Buenos Aires, 1998.

[xi] Cfr. Alain Badiou, Lógicas de los mundos. El ser y el acontecimiento, 2, Manantial, Buenos Aires, 2008.

[xii] Esto, a través de los trabajos pioneros de Jason Barker (Alain Badiou: A critical introduction, 2001) y Peter Hallward (Badiou: A subject to truth, 2003), las compilaciones de Gabriel Riera (Alain Badiou: Philosophy and its conditions, 2005) y Peter Hallward (Think again: Alain Badiou and the future of philosophy, 2004), así como los más recientes textos de Oliver Feltham (Alain Badiou: Live theory, 2008), Christopher Norris (Badiou’s being and event, 2009), Ed Pluth (Badiou: A philosophy of the new, 2010) y Bruno Bosteels (Badiou and politics, 2011).

[xiii] Para dar algunos ejemplos: la primera traducción de un texto de Badiou, El (re)comienzo del materialismo dialéctico (Pasado y presente, Córdoba) se realiza en Argentina en 1969, mientras que El ser y el acontecimiento es publicado en español seis años antes que en inglés, esto, sin contar que Badiou viaja a Bolivia, tras la muerte de Ernesto Guevara, para supervisar el juicio contra Régis Debray después de ser encarcelado.

[xiv] Cfr. Alain Badiou, Compendio de metapolítica, op. cit.

[xv] Cfr. Alain Badiou, ¿Se puede pensar la política? Nueva Visión, Buenos Aires, 1990.

[xvi] Cfr. Alain Badiou, Manifiesto por la filosofía, op. cit.

[xvii] Cfr. Jacques Lacan, El acto analítico, El Seminario (1967-1968), Libro 15, Versión establecida por Ricardo Rodríguez Ponte, Kriptos, Buenos Aires, s/a.

[xviii] Cfr. Alain Badiou, La filosofía otra vez, Errata Naturae, Madrid, 2010.

[xix] Cfr. Baruch Spinoza, Ética, Gredos, Madrid, 2011.

[xx] Badiou insiste sobre la idea de que las matemáticas son un pensamiento y el modelo de toda ciencia, de manera especial, en el Capítulo “La matemática es un pensamiento” de su Breve tratado de ontología transitoria. Para una exposición más detallada sobre la forma en que Badiou trabaja la relación entre filosofía y ciencia, remitimos al lector a nuestro artículo “Badiou, la ciencia, el matema”, publicado en la revista Reflexiones marginales, Año 3, Número 15, junio-julio 2013. Disponible en: http://bit.ly/37AYtIs

[xxi] Cfr. Alain Badiou & Fabien Tarby, La philosophie et l’événement,Germina, Paris, 2010.

[xxii] Cfr. Alain Badiou, Teoría de la contradicción, Júcar, Gijón, 2000.

[xxiii] Para una mirada más detallada en que Badiou piensa su herencia francesa, así como la relación entre formalización matematizante y filosofía, recomendamos al lector La aventura de la filosofía francesa (Eterna Cadencia, Buenos Aires, 2013), especialmente el Capítulo que abre el libro.

[xxiv] Alexandre Koyré, Estudios de historia del pensamiento científico,Siglo XXI, México, 2000, pp. 70-75.

[xxv] Así como v = d/t (velocidad es igual a la distancia sobre el tiempo) es una articulación formal de trazos cuya rigurosidad es independiente del idioma que se hable, o de los contenidos que “representan” estas letras. Así mismo S1/a à S2/$, en el psicoanálisis lacaniano, muestra –independientemente de la lengua o del contendido de la letra– la forma de enunciación del amo, localiza la impotencia e imposibilidad de éste vínculo social y ubica el resto de la operación discursiva, así como la verdad que comanda al semblante.

[xxvi] Jacques Lacan, Aún, ElSeminario (1972-1973), Libro 20, Paidós, Buenos Aires, 1992, p. 112. Badiou señala esta idea proveniente de su maestro Lacan en su libro Condiciones, op. cit., p. 306.

[xxvii] Jacques Lacan, “Lo simbólico, lo imaginario y lo real”, en De los nombres del padre, Paidós, Buenos Aires, 2005.

[xxviii] Es de especial importancia pensar cómo en la astronomía, o en la física cuántica, hay un límite de la representación (¿qué forma tiene el universo?, ¿cómo es el átomo?) que no impide que las letras de su pensar matemático sigan trabajando y sean hasta útiles; estas fórmulas escritas, trabajan con 10 ó 15 dimensiones, por lo que el límite de la representación humana es de 3 dimensiones, o 4, si se toma en cuenta al tiempo.

[xxix] El cual se escribe mediante la letra A mayúscula y una barra que la atraviesa o la tacha.

[xxx] Remitimos al lector al magnífico texto de Lorenzo Chiesa, Subjectivity and Otherness: A philosophical reading of Lacan, MIT Press, Cambridge, 2007, o al esclarecedor apartado, “The big Other”, del segundo Capítulo de Less than Nothing de Slavoj Žižek (Verso, New York, 2012).

[xxxi] Así explica este fenómeno Žižek: “Por décadas, circuló entre los lacanianos un chiste clásico que ejemplifica el papel clave que tiene el saber del Otro: un hombre que cree ser un grano de cereal es llevado a una institución mental donde los médicos hacen todo lo que pueden para convencerlo de que no es una semilla sino un hombre. Cuando el hombre se cura (se convence de que no es un grano sino un hombre) y es autorizado a dejar el hospital, vuelve inmediatamente temblando de miedo. Afuera hay una gallina y tiene miedo de que se lo coma. ‘Pero mi amigo’ –le dice su médico– ‘si usted sabe bien que no es un grano, sino un hombre’. ‘Claro que yo lo sé’ –responde el paciente–, ‘¿pero lo sabe la gallina?’”. Slavoj Žižek, Cómo leer a Lacan, Paidós, Buenos Aires, 2008, p. 101.

[xxxii] Precisamente, el antihumanismo ocupa el primer Capítulo del libro La ética… de Badiou, donde se pregunta: “¿Existe el hombre?”. Cfr. Alain Badiou, La ética: Ensayo sobre el entendimiento del mal, op. cit.

[xxxiii] Sugerimos al lector dos artículos que explican la reintroducción del sujeto en la estructura en el pensamiento de Lacan: “La suture: Elements de la logique du signifiant” de Jacques-Alain Miller (Cahiers pour l’analyse, No. 1, 1966; existe versión en español en Matemas II, Manantial, Buenos Aires, 1988) y “Beyond interpellation”, de Mladen Dolar (Qui Parle, Vol. 6, No. 2, primavera/verano 1993). El primero, trabaja cómo el sujeto se localiza en el corazón de la lógica de Frege y el segundo muestra cómo Lacan va más allá del sujeto althusseriano, el cual es mero efecto de la interpelación ideológica.

[xxxiv] Badiou dedica el segundo Capítulo de su libro La ética: Ensayo sobre el entendimiento del mal, op. cit. a desarrollar las consecuencias éticas de este concepto de gran Otro y del Otro tachado.

[xxxv] Debo esta idea a Roque Farrán en una implícita discusión con el PIC (Programa de Investigación Científica) de la sociedad psicoanalítica APOLa. Comunicación personal.

[xxxvi] Cfr. Jacques Lacan, La ética del psicoanálisis, El Seminario (1959-1960), Libro 7, Paidós, Buenos Aires, 1998.

[xxxvii] Cfr. Jacques Lacan, “Clase del 12 de febrero de 1964”, en Los cuatro conceptos fundamentales del psiconálisis, El Seminario (1964), Libro 11, Paidós, Buenos Aires, 1987, p. 67.

[xxxviii] Este insight badiouano es el que sostiene dos de las corrientes filosóficas más actuales, como lo son el “realismo especulativo” (Quentin Meillassoux, After finitude: An essay on the necessity of contingency, Continuum, London, 2008) y la “ontología orientada por objetos” (Levi Bryant, The democracy of objects, Open Humanities Press, Michigan, 2011).

[xxxix] Alain Badiou, Ethics: An essay on the understanding of evil, Verso, London, 2001, p. 16.

[xl] Debe observarse que, para Badiou, las matemáticas son una forma de hablar del ser. Matemáticas = ontología es una de las tesis centrales de El ser y el acontecimiento, op. cit.

[xli] Jacques Lacan, “Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis” (1953), en Escritos 2, Siglo XXI, México, 1984, p. 288. Las cursivas son nuestras.

[xlii] Jacques Lacan, “Subversión del sujeto y dialéctica del deseo en el inconsciente freudiano” (1960), en Escritos 2, Siglo XXI, México, 1984, p. 799.

[xliii] Alain Badiou, ¿Se puede pensar la política? op. cit., p. 68.

[xliv] Jacques Lacan, “Clase del 29 de enero de 1964”, en Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, op. cit., p. 37.

[xlv] Ibid., p. 38.

[xlvi] Ibid., p. 41.

[xlvii] Dejamos por ahora de lado la distinción heideggeriana entre óntico y ontológico –y sus consecuencias para el psicoanálisis lacaniano y la filosofía badiouna– para otro momento para así centrarnos en la cuestión de la ética como forma de abordar tanto lo ontológico (ser) como lo óntico (ente).

[xlviii] Cfr. el Capítulo “Conferencia sobre la sustracción”, así como el Prefacio realizado por François Whal (“Lo sustractivo”) de la compilación intitulada Condiciones, op. cit. Cfr., para una estudio de las implicaciones filosóficas de los términos sustractivos “inconsistencia” e “indeterminación”, Tzuchien Tho, “The void just ain’t (What it used to be): Void, infinity and the indeterminate”, Filozofski vestnik, Vol. XXXIV, No. 2, 2013.

[xlix] Cfr. Alain Badiou, San Pablo: La fundación del universalismo, Anthropos, Barcelona, 1999.

[l] La construcción lógica de los mundos es indagada por Badiou en la secuela de su libro El ser y el acontecimiento. Cfr. Alain Badiou, Lógicas de los mundos. El ser y el acontecimiento 2, Manantial, Buenos Aires, 2008.

[li] Resulta interesante, por otro lado, que, en este Prefacio, Badiou introduzca por vez primera “matemas” para pensar al sujeto. Estas escrituras algebraicas formalizadas, muestran varios cambios y matices sobre la cuestión del sujeto, todavía rudimentarios al momento de escribir La ética... Cfr. Alain Badiou, Lógicas de los mundos, op. cit.

[lii] Slavoj Žižek, El sublime objeto de la ideología, Siglo XXI, Buenos Aires, 1992, p. 274.

[liii] Jorge Alemán, “Aproximación a una izquierda lacaniana”, en Arte, ideología y capitalismo, Círculo de las Bellas Artes, Madrid, 2008, p. 65.

[liv] Alain Badiou, Ethics: An essay on the undestanding of evil, op. cit., p. 47.

[lv] Jacques Lacan, “Clase del 6 de julio de 1960”, en La ética del psicoanálisis, op. cit., p. 379.

[lvi] Alain Badiou, Ethics: An essay on the undestanding of evil, op. cit.

[lvii] Neologismo creado por Badiou para subrayar el carácter de apertura de posibilidades cuando la filosofía teje o se compone de los acontecimientos que surgen en otros campos: componer + posibilidad = tejido que abre posiblildades. Lo contrario es la “sutura”.

[lviii] Cfr. Alain Badiou, Pequeño panteón portátil, Brumaria, Madrid, 2008 y Pierre Cassou-Noguès, Un laboratoire philosophique. Cavaillès et l’épistemologie en France, Vrin, París, 2017.

[lix] Cfr. Alain Badiou y Fabien Tarby, La philosophie et l’événement, op. cit. Badiou promete que la tercera entrega de su gran obra tratará sobre qué son las verdades desde la perspectiva del sujeto, algo que no cumplió efectivamente en su publicación L’inmanence des vérités, Fayard, París, 2018.

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